Se detuvo en el sonido, de un constante ruido blanco, en el vuelo de las gaviotas, sobre un alborear dorado. Una autopista ocupada, desde un lugar algo lejano, olas regias pero tranquilas, que los sentidos han calmado. Unos aires que acarician, con el tacto más templado, las risas de unos niños, que en la distancia están jugando. El tiempo ya no existe, es su momento más adecuado, para abrazar un amor sin olvido, mientras sonríe sin pensarlo.
Le llenó la cabeza de cosas, que jamás había pensado. De sentimientos que nunca ha tenido, y de canciones que no ha escuchado. Un paseo al óleo entre dos espejos, que le conduce hacia un cuadro. Invitándole a su paisaje, que le fuerza el explorarlo. Compartir espíritu y alma, con ese misterio que va siendo soñado. Y entre rostros desconocidos, se perfila alguien que lo está llamando.