Le llenó la cabeza de cosas, que jamás había pensado. De sentimientos que nunca ha tenido, y de canciones que no ha escuchado. Un paseo al óleo entre dos espejos, que le conduce hacia un cuadro. Invitándole a su paisaje, que le fuerza el explorarlo. Compartir espíritu y alma, con ese misterio que va siendo soñado. Y entre rostros desconocidos, se perfila alguien que lo está llamando.
Buscando en el armario intangible, donde descansa la maleta del tiempo, di con cartas extraviadas, escritas hace muchos inviernos. Sin oportunidad de haberte dicho, que eres parte de lo sempiterno, aunque el destino nos separase, sin volver a compartir un momento. Poco queda de aquel muchacho, tras nuevas alturas de vuelo, remoldeado por las vicisitudes, de turbulencias a destiempo. Aunque incapaces de ahogar, el calor que arde en su pecho, por las mil y una formas, de querer expresarte un te quiero.