Sobre el inconmensurable océano más allá de las Columnas de Hércules yacen siete fragmentos como último vestigio de un paraíso perdido con forma de islas. No muy lejos hacia el oriente de una de las principales, conocida como un mágico continente en miniatura llamado Gran Canaria, aparecen ante la vista Fuerteventura y Lanzarote. Sería en esta última, a principios de septiembre del año 1730, donde se manifestaría el peligro durmiente de una fuerza de intensidad solo igualada por la belleza de aquellas tierras, pues allí las puertas a lugares inspirados en el Edén en ocasiones están muy cerca de las que llevan al Inframundo. El destino desplegaría sus alas para sobrevolar el pueblo de Timanfaya, donde estaba teniendo lugar un festejo como ningún otro se había visto para el que no escatimaban recursos, pues el hijo del hombre más rico del lugar y la hija de unos agricultores de plantas curativas celebraban su matrimonio. La unida y enamorada pareja, desde hacía tanto tiempo como...
El pequeño rincón de un poeta por accidente, un humilde escritor, un soñador permanente.