Buscando en el armario intangible, donde descansa la maleta del tiempo, di con cartas extraviadas, escritas hace muchos inviernos. Sin oportunidad de haberte dicho, que eres parte de lo sempiterno, aunque el destino nos separase, sin volver a compartir un momento. Poco queda de aquel muchacho, tras nuevas alturas de vuelo, remoldeado por las vicisitudes, de turbulencias a destiempo. Aunque incapaces de ahogar, el calor que arde en su pecho, por las mil y una formas, de querer expresarte un te quiero.
Le damos la espalda al hecho, de que estamos aquí de paso, que en más de una ocasión, dos y dos no suman cuatro. Todo es bastante simple, y al mismo tiempo complicado, son más las dudas que las certezas, en el mar de lo que ignoramos. Allí donde un pez oscuro, baila junto a uno claro, crean olas de ondas grises, en esta vida que navegamos. Pero la mochila vital, que custodia pequeños milagros, me muestra chispas de color, imaginándome a tu lado. No importa la cantidad de hojas, que caigan de los calendarios, tu nombre es de las pocas cosas, que conmigo siempre llevo guardado.