Aquella habitación me tenía sumergido entre sombras y penumbras, mientras una débil, cálida y palpitante luz cerca de mí me permitía luchar a duras penas, tijera en mano, por verme y recortarme un poco la barba frente a un pequeño espejo, que parcialmente roto y fragmentado, parecía mostrar versiones ligeramente diferentes de mi rostro en cada una de las partes en las que se había dividido. Un extraño sonido repentino que vino desde mi derecha hizo ponerme en alerta, y dije en un tono calmado y firme: «Vigilad la entrada». No me encontraba solo. Dos haces de luz provenientes de linternas fueron enfocados al instante hacia donde había provenido el ruido, mostrando una pared de azulejos blancos que no se encontraba demasiado lejos. Hacia la derecha de la misma, fuera del campo de visión de los que estábamos presentes, se encontraba el hueco de la puerta. Sabíamos, por alguna razón, que algo desconocido se nos podía echar encima en cualquier momento, algo ante lo que solo cabía una respue...
El pequeño rincón de un poeta por accidente, un humilde escritor, un soñador permanente.