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Renacimiento (I)

Largo tiempo ha pasado sumido en lo que pareció ser un interminable sueño cargado de extrañas y abstractas visiones. Ahora, al recordarlas, las descifra y entiende perfectamente. Una sombra, agazapada en una esquina, se incorpora sobre sí misma. Sus pasos resuenan nuevamente en el frío y oscuro habitáculo en el que se encuentra, su respiración comienza a agitarse... Un aullido rasga el silencio... un sonido tan desgarrador como las bisagras de la mismísima puerta del infierno. Luego, un grito de libertad, odio y venganza, una risa de demencia... su mente ya no es la misma.

El tormento desaparece. Las duras cadenas ya no lo aprisionan, las cuales yacen rotas en el suelo al igual que sus sueños de antaño.

La gran puerta de madera es abierta de golpe. Tal es la oscuridad en la que ha estado sumido, que los plateados rayos de la luna llena le ciegan por unos segundos dañando sus pupilas. Pero no le importa. La presencia de sus captores, fantasmas que poblaron y atormentaron su mente, termina con alaridos de desesperación desgarrando el silencio de la medianoche. Sus manos por fin saborean la sangre, después de tanto tiempo de frio lamento, el cálido placer de vivir vuelve a él una vez más.