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Eco de un recuerdo robado

La buscó con la mirada entre todos los presentes nada más llegar y no tardó en reconocerla, allí estaba, esperándole. La luminosidad era radiante, propia de una despejada media mañana muy cerca del mediodía, teniendo en su conocimiento que asistía a una especie de celebración donde se organizarían bailes y comidas. Era la primera vez que se veían, o eso creyó, aunque la sensación de que ya se conocían desde mucho tiempo atrás era muy latente, la misma sensación que expresaba poderosamente un anhelado y deseado encuentro.

Al mirarla todo el entorno pasó a un segundo y difuso plano como si nada más importase, pudiendo observar con nitidez su alegre y brillante rostro, su cabello, la forma en que iba vestida, mientras le devolvía con dulzura la mirada diciéndole con ella: «por fin estás aquí, deseaba tanto verte». Él se acercó a paso ligero invadido hasta el más mínimo pedazo de su ser por un sentimiento para el cual la palabra amor se quedaría insuficiente para hacerle justicia a la hora de describirlo.

Se dijeron todo el uno al otro a pesar de que no hubo palabra alguna entre ambos. Al mismo instante de estar justo frente a frente se inclinó de forma ligera, entregando un tierno y suave beso en la comisura de los labios de ella al mismo tiempo que entrecerraba sus ojos con la única visión de sus cabellos intensamente iluminados por el sol. Deseó con su mano derecha acariciar cariñosamente su mejilla, pero solo terminaría alcanzando el vacío.

El sueño no duraría lo suficiente.