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He conocido a Max Demian

Una noche de entre tantas durante la cual no quiero (o no puedo) dormir. Enciendo la luz, me levanto y me dirijo hacia la estantería. Empiezo a ojear la fila de libros y detengo mi mirada en uno muy especial, el cual hacía mucho tiempo que deseaba leer. Demian, de Hermann Hesse. Resultado, doscientas páginas leídas del tirón durante esa misma madrugada.

Han pasado unos días desde entonces y aún sigo fascinado con la lectura, la cual me absorbió hasta tal punto que no pude dejar el libro hasta acabarlo. Me sentí tan identificado con tantas cosas de las que se hablaba que me veía reflejado en cada página.

El sueño de la vida, el viaje hacia el interior de nosotros mismos. De ello trata el libro. De cómo ciertas personas ven el mundo con una perspectiva muy espiritual, diferenciándose de la mayoría, buscando respuestas en el mundo que nos rodea cuando en realidad dichas respuestas están en nuestro propio interior. Un lugar al cual para llegar hay que seguir un camino que muy pocos se atreven a seguir o siquiera ver.

Estas personas son las llamadas portadoras de la Marca de Caín, se habla de un "despertar" al cual para llegar hay que romper un cascarón que representa al mismo mundo, teniendo como meta final llegar al dios Abraxas, un dios que representa el equilibrio y la convivencia del Bien y del Mal.

Sé que sobre todo por este último párrafo podría estar hablando de una secta, un culto religioso o algo por el estilo, pero ni mucho menos. Es filosofía pura y dura. El conocimiento de nuestro propio ser. Si tuviera que citar partes del libro que me han gustado lo copiaría prácticamente entero, pero dejaré a continuación a modo de notas algunas de las muchas frases que me han parecido importantes.


Para el mundo los marcados con la señal habríamos de pasar por hombres extraños, incluso locos o peligrosos.
Se tiene miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo.
En todas partes reina la comunidad y el instinto gregario, y en ninguna la libertad y el amor.
Para el hombre despierto no había más que un deber: buscarse a sí mismo, afirmarse a sí mismo y tantear, hacia delante siempre su propio camino, sin cuidarse del fin al que pudiera conducirle.
Lo que verdaderamente me hacía sentir bien era la conciencia cada día más clara del poder que en mí mismo llevaba.
Los hombres aceptan como realidad las imágenes exteriores y ahogan así la voz de su mundo interior.
La esencia de nuestra alma es la eternidad.
Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad la que lo pone en su camino, si no él mismo.
El pájaro rompe el cascarón, el huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper el mundo.
Siempre es bueno tener conciencia de que dentro de nosotros hay alguien que todo lo sabe y nos guía.
Destino y espíritu son nombres de un solo concepto.
Los hay que permanecen toda su vida adheridos a un pasado sin retorno, al sueño del paraíso perdido, el peor y más ansiado de los sueños.
Cuando se tiene miedo a alguien (o algo) es porque se le ha dado poder sobre uno.
De esos sucesos que nadie ve se compone la línea esencial interna de nuestro destino.
No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún.
Tiene ahora que superar lo más difícil; está intentando refugiarse en la masa; es cliente asiduo de las tabernas; pero su estigma no se apagará...