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Fiel Compañera

¿A dónde te diriges, caballero?,
veo que recoges tu espada y te colocas tu yelmo,
te levantas lentamente del desértico suelo,
con la mirada perdida a través del duro acero.

Tus piernas ya parecen no flaquear,
nadie conoce lo que pasa por tu mente,
horizontes desconocidos por alcanzar,
corazón roto y un amor aun ardiente.

Tu sangre cae de las heridas,
deslizándose por los finos huecos de la armadura,
alimentando el suelo bajo tus firmes pisadas,
mientras luchas por no perder la cordura.

Cabalga hacia el horizonte sin mirar atrás,
te cubre la armadura que una vez te llegaste a quitar,
te es imposible ocultar e ignorar el dolor que yace bajo ella,
y sabes que tu espada es de nuevo tu única y fiel compañera.